Hace tiempo que la sostenibilidad comenzó a ser un elemento integrado en el funcionamiento de los mercados financieros. Los inversores prestan una atención creciente y sostenida a la forma en que las empresas identifican y gestionan los riesgos y oportunidades asociados a factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG).
Así llegó la sostenibilidad a los mercados
Hasta comienzos de los años 2000, la sostenibilidad quedaba al margen del análisis financiero tradicional y no se consideraba un factor determinante para valorar una empresa o una inversión.
Esta visión comenzó a cambiar en 2004 con la publicación de Who Cares Wins, un informe impulsado por Naciones Unidas. Supuso un punto de inflexión al señalar que los factores ESG pueden influir en el valor de una empresa, así como en el riesgo y la rentabilidad de una inversión.
En 2006 se produjo el lanzamiento de los Principios para la Inversión Responsable (PRI) de Naciones Unidas, que promovieron la incorporación de estos factores en los procesos de análisis y toma de decisiones de los inversores.
Desde entonces, se han incorporado progresivamente a la gestión de activos, con especial crecimiento entre 2019 y 2021, impulsados, entre otros factores, por el desarrollo del marco regulatorio de finanzas sostenibles de la Unión Europea.
La función de los ratings ESG en el mercado
A medida que la sostenibilidad gana peso en las decisiones de inversión, surge una duda práctica: ¿cómo compararla entre miles de compañías?
Los ratings ESG responden a esa necesidad. Califican cómo una empresa es capaz de identificar y gestionar los riesgos y oportunidades relacionados con factores ESG.
Esto incluye cuestiones como los efectos del cambio climático, las relaciones con empleados y clientes, la protección de los derechos humanos o la calidad de la gobernanza y la supervisión empresarial.
Su utilidad en las decisiones de inversión
Cada proveedor de calificaciones de sostenibilidad utiliza su propio enfoque y criterios. De ahí que, a veces, puedan existir diferencias relevantes entre las calificaciones de una misma compañía.
Además, la importancia de cada factor depende del sector: un aspecto clave para la calificación de una empresa energética puede tener mucho menos peso o no tenerlo en la de una entidad financiera.
Por ello, aunque los inversores suelen contar con sus propias metodologías, a menudo seleccionan uno o más ratings ESG para tomar sus decisiones de inversión, porque su valor también está en clasificar y ordenar una enorme cantidad de información que se puede utilizar como punto de partida, contraste o filtro dentro de un proceso de inversión más amplio.
Algunos de los proveedores más utilizados en el mercado son MSCI ESG Research, referente global en ratings ESG y vinculado a una de las familias de índices más utilizadas por la gestión pasiva; S&P Global, reconocido por la calidad y utilidad de sus datos; y Morningstar Sustainalytics, ampliamente utilizado por el mercado.
Su papel en los índices de sostenibilidad
Los ratings ESG desempeñan un papel fundamental en la construcción de muchos de los principales índices de sostenibilidad del mercado.
Los índices bursátiles tradicionales, como el IBEX 35 o el S&P 500, agrupan a las compañías según criterios financieros y de capitalización. Los índices de sostenibilidad seleccionan a las empresas que los componen atendiendo, además, a su desempeño ambiental, social y de gobernanza. Para determinar qué compañías incluir, muchos de ellos recurren a las calificaciones de proveedores especializados.
Es el caso de los índices MSCI ESG Leaders, que toma como referencia la calificación de MSCI ESG Research; de FTSE4Good, que utiliza la calificación de FTSE Russell; o del Dow Jones Best-in-Class World Index, construido a partir de las evaluaciones de sostenibilidad elaboradas por S&P Global.
Pero la relevancia de estos índices va mucho más allá. Sirven como referencia para estrategias y productos de inversión, de modo que formar parte de uno de ellos amplía la base inversora de una compañía al situarla dentro del universo elegible de inversores que siguen ese índice.
La sostenibilidad en el mercado de renta fija
Si en los mercados de renta variable la sostenibilidad influye a través de los ratings ESG y los índices de sostenibilidad, en los mercados de renta fija lo hace a través de instrumentos de financiación temáticos, cada vez más competitivos, que permiten a los emisores canalizar financiación hacia proyectos con impacto ambiental o social.
Los bonos verdes, sociales y sostenibles son los más utilizados. Los verdes financian proyectos o actividades con beneficios ambientales; los sociales, proyectos con impacto social; y los sostenibles combinan ambos objetivos.
Tendencias por región, emisor e instrumento
Por región, Europa mantiene su liderazgo como principal emisora, mientras que Asia-Pacífico destaca como una de las áreas de mayor crecimiento en volúmenes, desarrollo de nuevas temáticas e innovación.
Por tipo de emisor, el sector público y las entidades financieras concentran una parte significativa de la actividad, impulsados por su papel clave en la financiación de la transición hacia una economía más sostenible.
Por tipo de instrumento, los bonos verdes continúan siendo el producto dominante. Por su parte, los bonos sostenibles mantienen un crecimiento estable y siguen siendo una alternativa atractiva para los emisores que buscan combinar la financiación de proyectos ambientales y sociales en una única emisión.
En definitiva, la sostenibilidad en los mercados financieros se ha consolidado como parte de la forma en que se analizan, se seleccionan y se financian las inversiones. Los ratings ESG, los índices de sostenibilidad y los bonos temáticos son hoy herramientas habituales, y conocerlos ayuda a comprender cómo se incorporan estos factores en las decisiones de inversión y de financiación.