Los gobiernos de todo el mundo se enfrentan a una doble misión: por un lado, estimular de forma sostenible los ciclos económicos; por otro, garantizar que la prosperidad se distribuya de manera amplia entre la población.
Para lograr estos objetivos, creemos firmemente en el papel de los mercados de capitales. Por ello, promovemos su importancia para el progreso del conjunto de la sociedad y trabajamos en su fortalecimiento.
Pero, ¿qué son los mercados de capitales? ¿Cómo contribuyen a la distribución de la riqueza? ¿Por qué es importante fomentar la innovación y el acceso a los mismos?
Una conexión entre dos mundos
Los mercados de capitales constituyen un nexo fundamental que conecta dos universos: el ahorro a largo plazo de las personas y los usos productivos del capital. Se trata de un proceso esencial que transforma la inversión en innovación, crecimiento y creación de empleo, al tiempo que permite a la población beneficiarse de la prosperidad económica.
Por ello, no sorprende que los mercados de capitales sean una prioridad para muchos legisladores. Sin embargo, el punto de partida no es el mismo en todas las regiones. En algunos lugares, el reto consiste en atraer más inversión hacia mercados ya maduros o mejorar su eficiencia; en otros, el desafío es construir mercados prácticamente desde cero.
No existe un modelo único sobre el que desarrollar los mercados de capitales. Sin embargo, sus beneficios se hacen evidentes cuando se ofrece a las personas la oportunidad de invertir sus ahorros y se garantiza que los mercados funcionan en su mejor interés. Tanto la regulación como la innovación desempeñan un papel clave en este proceso.
En las siguientes líneas, desarrollamos nuestra visión sobre cómo los mercados de capitales pueden desplegar todo su potencial y permitir que cada vez más personas participen en su capacidad de generar prosperidad.
El mercado de capitales: mucho más de lo que parece
El término “mercados de capitales” se utiliza a menudo como un atajo para referirse al ecosistema en el que las compañías emiten y negocian acciones en mercados públicos, así como al conjunto de gobiernos, empresas y entidades que obtienen financiación mediante la emisión de deuda en los mercados de bonos.
Sin embargo, los mercados de capitales son mucho más que eso.
El sistema financiero existe para canalizar el ahorro hacia aquellos ámbitos donde el capital es necesario. De este modo, conecta a los ahorradores con oportunidades de inversión que les permiten hacer crecer su patrimonio, al tiempo que proporciona a empresas, gobiernos y otros agentes las fuentes de financiación necesarias para sus inversiones y necesidades de gasto.
Históricamente, el acceso al sistema financiero ha estado protagonizado por los bancos. Empresas y particulares depositaban sus ahorros con el objetivo de obtener rentabilidad o acceder a financiación para adquirir vivienda o impulsar el crecimiento de sus negocios.
Con el tiempo, los mercados de capitales han evolucionado para desempeñar un papel cada vez más relevante dentro del sistema financiero.
En este entorno, gobiernos, empresas y otros agentes pueden captar financiación directamente de los ahorradores a través de instrumentos como acciones, bonos y otros activos.
Así, se conectan dos universos: por un lado, los ahorros individuales, planes
de pensiones, aseguradoras o family offices; por otro, los usuarios de capital, como gobiernos, empresas y hogares. Los instrumentos financieros actúan como puente, transformando el ahorro en inversión productiva.
Un ecosistema en beneficio de todos
Este proceso tiene lugar en una amplia gama de mercados especializados, tanto públicos como privados. En los mercados públicos, como las bolsas, los activos se negocian de forma abierta y estandarizada; en los mercados privados, la inversión se realiza de manera directa y bajo condiciones personalizadas.
Los mercados de capitales están diseñados para dar cabida a una gran diversidad de compañías y necesidades de financiación, abarcando tanto mercados públicos como privados.
Una de las principales vías de acceso al capital para las empresas es la salida a bolsa. En este proceso, la compañía vende participaciones a un grupo inicial de inversores (mercado primario) y posteriormente cotiza en un mercado público, donde sus acciones pueden negociarse libremente (mercado secundario).
Este acceso conlleva un compromiso: la publicación periódica y estandarizada de información sobre el negocio, lo que permite a los inversores tomar decisiones informadas.
Aunque la negociación diaria en los mercados secundarios no aporta nuevo
capital a la empresa, resulta fundamental. Un mercado secundario dinámico y líquido reduce el coste de financiación, ya que ofrece a los inversores la confianza de poder vender sus activos cuando lo deseen.
Por su parte, los mercados privados -como el capital riesgo, el crédito privado, las infraestructuras o el inmobiliario- permiten financiar proyectos bajo condiciones específicas y personalizadas. En estos mercados, la información se transmite de forma directa entre inversores y empresas, y la liquidez es más limitada.
Dado que la mayoría de las empresas no cotizan en bolsa, los mercados privados han experimentado un crecimiento significativo en los últimos años, ofreciendo nuevas vías de financiación.
En el otro lado se encuentran los ahorradores -principalmente personas y hogares- que buscan hacer crecer su patrimonio a largo plazo, ya sea para la jubilación u otros objetivos financieros.
Muchos inversores individuales acceden principalmente a los mercados públicos. Sin embargo, a través de intermediarios como fondos de pensiones y aseguradoras, también pueden beneficiarse de oportunidades en mercados privados. Estos inversores institucionales desempeñan un papel clave, generando rentabilidad en beneficio de sus clientes, que son, en última instancia, los propios ahorradores.
Los beneficios sociales de los mercados de capitales
Ahorrar para el futuro requiere obtener rentabilidades que superen la inflación. Los mercados de capitales ofrecen a los ahorradores la posibilidad de alcanzar estos objetivos a largo plazo.
En las economías desarrolladas, gran parte del ahorro se ha mantenido tradicionalmente en depósitos bancarios. Sin embargo, en un entorno prolongado de bajos tipos de interés, estos han ofrecido rentabilidades significativamente inferiores a las que podrían haberse obtenido mediante inversiones diversificadas, incluso conservadoras.
Los mercados de capitales han permitido a millones de personas preservar y hacer crecer su patrimonio, mejorando su bienestar financiero a lo largo del tiempo. No obstante, el acceso a estas oportunidades sigue siendo limitado para una parte importante de la población.
En un contexto de envejecimiento demográfico, será necesario replantear cómo se financian las jubilaciones. Creemos que unos mercados de capitales sólidos, eficientes y accesibles pueden desempeñar un papel clave para hacer este objetivo alcanzable para todos.
Fomentar una mayor participación en el crecimiento económico requiere promover la innovación en los mercados y una regulación que facilite el acceso a la inversión para un número creciente de personas.