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Los efectos del cambio climático en la economía

José Antonio Díaz Campos

Economista y miembro del equipo de trabajo del Proyecto Edufinet

Sobre mi

Licenciado en Economía por la Universidad de Málaga. Máster en Banca y Entidades Financieras por ESESA. European Financial Advisor (EFA). Forma parte del equipo de trabajo del proyecto de educación financiera “Edufinet”.

Volatilidad de los precios, alteraciones en la productividad, cambios en las estructuras económicas de los países... Y es que el cambio climático también tendrá consecuencias sobre la economía

29 Oct 2020

6 Min de lectura

A pesar de algunas voces aisladas que todavía siguen afirmando lo contrario, el cambio climático es una realidad. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, si las emisiones de CO2 globales continúan la tendencia actual, a finales de este siglo nos podríamos encontrar con un calentamiento global que supere los 4°C, lo que tendría consecuencias devastadoras sobre la naturaleza, las sociedades y, por ende, la economía.

 

Sin embargo, se están dando pasos en la buena dirección, ya que hace algo menos de cinco años se alcanzó un acuerdo histórico en la Conferencia del Clima de Paris, donde los 195 países rubricaron el primer acuerdo integral para mitigar el cambio climático. En el acuerdo se establece un plan de acción dirigido a limitar el calentamiento global por debajo de los 2°C y a hacer esfuerzos por limitarlo a 1,5°C. Esto se pretende conseguir a través de una rápida reducción de las emisiones de CO2 para alcanzar el objetivo de cero emisiones en la segunda mitad del siglo XXI.

 

Por tanto, a la vista de lo anterior, el cambio climático será un tema que irá adquiriendo cada vez mayor protagonismo en la agenda económica de los distintos países, a la par o incluso por delante de otros problemas de gran calado, como son el desempleo, la digitalización de la economía o el envejecimiento poblacional, entre otros. El cambio climático no sólo modificará la climatología sino que también transformará los ecosistemas y afectará a millones de personas que hoy en día viven en zonas que en un futuro se encontrarán, probablemente, inundadas a causa de la subida del nivel del mar o que padecerán fenómenos climáticos adversos cada vez más habituales.

 

5 aspectos de la economía que son sensibles al cambio climático

 

Pero las consecuencias no se quedan ahí, sino que el cambio climático también tiene una vertiente económica nada desdeñable puesta de relieve, por ejemplo, en el artículo “Climate change and the macro economy[1]”, donde se citan una serie de consecuencias económicas que el cambio climático podría ocasionar y que pasan a exponerse a continuación de una forma resumida:

 

1.  Evolución de los precios: en primer lugar, el cambio climático introducirá turbulencias en los precios, que pueden llegar a ser muy volátiles e imprevisibles. Un sector que sin duda se verá afectado por el cambio climático será el de la industria de combustibles fósiles, que irá perdiendo peso a medida que se opte por energías renovables, lo que se traducirá en una menor presión sobre el alza de los precios.

Sin embargo, el sector agrícola también será golpeado por estos cambios, ya que se espera que gran parte de tierras de cultivo puedan llegar a quedar inundadas, o que la lluvia o el sol hagan menos productivas las tierras que antes tenían un mayor rendimiento, siendo esto, por tanto, una variable que tenderá también a presionar al alza los precios.

 

2.  Revisión de la fiscalidad: para ayudar a conseguir el objetivo de reducir las emisiones, algunos gobiernos pueden optar por modificar su marco fiscal  tanto en el impuesto sobre la renta de personas físicas y de sociedades como sobre algunos productos, para tratar de modificar y redirigir los comportamientos de consumo de los actores económicos.

 

3.  Mayor propensión a crisis financieras y económicas: aunque este efecto puede no ser enteramente achacable al cambio climático, lo que está claro es que el desarrollo de tecnologías limpias puede llegar a provocar una rápida huida del capital desde sectores más contaminantes, comprometiendo la solvencia de los actores que operan en dichos sectores, lo que, a su vez, daría lugar a una caída en el precio de los activos financieros emitidos por los mismos y, en última instancia, podría generar una crisis financiera.

 

4.  Alteración de la estructura económica de los países: según se vayan notando más los efectos del cambio climático, es de esperar que las economías tiendan a depender aún más del sector terciario, debido al trasvase de recursos financieros desde los demás sectores.

 

5.  Cambios en la productividad: como consecuencia del alza en las temperaturas y de la mayor frecuencia en la ocurrencia de catástrofes naturales, la productividad global se verá perjudicada debido a que el número de horas trabajadas probablemente disminuya. Además, ante este escenario, es probable que las empresas decidan recortar su gasto en inversiones de capital, ejerciendo aún más presión a la baja sobre la productividad.

 

Como se ha expuesto, el cambio climático plantea potenciales problemas que conviene que sean mitigados o prevenidos antes de que ocurran, con el objetivo de reducir el coste en el que se incurriría en el caso de inacción.

 

Respuesta global ante el cambio climático

 

Sin embargo, los esfuerzos contra el cambio climático no deben quedar circunscritos a un área geográfica determinada ni a un sector en concreto, a efectos de evitar que dichos esfuerzos sean aprovechados por otro país o conjunto de países que sigan contaminando, de acuerdo con la teoría del polizón (“free-rider”). Por ello, la respuesta ante el cambio climático debe ser de carácter global, y ha de estar impulsada por el sector público pero, a su vez, ha de contar con una destacada participación del sector privado, en general, y del financiero, en particular, para su financiación. En este sentido, el Acuerdo de Paris es un gran hito.

 

Las personas, familias, empresas y otras entidades pueden hacer un esfuerzo en su día a día para tratar de alcanzar emisiones de gases de efecto invernadero reducidas o nulas si cuentan con los incentivos y si disponen de las herramientas adecuadas para ello. Por ejemplo, en el caso de las empresas, pueden llevar a cabo inversiones que aseguren que sus cadenas de suministro o sus procesos de fabricación sean neutros en emisiones. Si, dada la naturaleza de la actividad de la empresa, esto no pudiera ser posible, al menos, debería incentivarse que la misma pudiera compensar sus emisiones con acciones que las mitigaran.

 

A nivel personal y familiar, además de adquirir una mayor conciencia a la hora de consumir y de los hábitos que perjudican al clima, también se puede contribuir mediante los comportamientos financieros. Por ejemplo, invertir en un producto financiero sostenible puede ser beneficioso tanto para el inversor como para el medioambiente, pero, para ello, el inversor no solamente debe contar con nociones básicas de educación financiera, sino también de sostenibilidad. También es necesario que cada vez haya una oferta más nutrida de productos y servicios financieros sostenibles sobre los que el inversor pueda elegir, para lo cual el desarrollo de un mercado de capitales verde de magnitud y eficiente es de gran importancia, ya que proporcionará financiación para que proyectos de este tipo, incluidos los dirigidos a mitigar el cambio climático, se puedan seguir llevando a cabo.

 

 

 

[1] Andersson, M., Baccinati, C., y Morgan, J. (2020): “Climate change and the macro economy”, BCE, Occasional Paper Series, No 243.

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