La demanda interna impulsa el crecimiento

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Felisa Becerra Benítez

Aunque la incertidumbre se ha reducido, las tensiones comerciales y geopolíticas continúan siendo un riesgo para las expectativas de crecimiento

08 Jan 2026

7 Min de lectura

La economía mundial muestra resiliencia y ha crecido en 2025 más de lo previsto. Según la OCDE, las políticas macroeconómicas de apoyo, la mejora de las condiciones financieras y el aumento de la inversión para facilitar la adopción de la inteligencia artificial han contribuido a apuntalar la demanda, contrarrestando los efectos adversos de la elevada incertidumbre en materia de políticas y del incremento de las barreras comerciales.

 

Crecimiento más moderado de la economía mundial en 2026

 

El último informe de Perspectivas económicas de la OCDE, publicado a principios de diciembre, señala que el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) mundial se moderará desde el 3,2% en 2025 (solo una décima inferior al de 2024) hasta el 2,9% en 2026. Según apunta este organismo, todavía no se ha percibido el impacto total del aumento de los aranceles, pero se hace cada vez más visible en las decisiones de gasto, los costes empresariales o los precios de consumo, especialmente en EE.UU.

 

En este contexto, se espera que la actividad se modere a corto plazo a medida que el aumento de los aranceles efectivos se vaya imponiendo gradualmente, lo que lastrará la inversión y el comercio, en un contexto de persistente incertidumbre geopolítica y política. Hacia finales de 2026 se prevé que el crecimiento se intensifique a medida que vaya desvaneciéndose el impacto de los aranceles, mejoren las condiciones financieras y la menor inflación impulse la demanda.

 

A corto plazo el crecimiento de la zona euro seguiría liderado por los servicios

 

Aunque el crecimiento de la eurozona será algo mayor de lo previsto hace unos meses, el aumento del PIB podría moderarse desde el 1,4% en 2025 al 1,2% en 2026, según las últimas proyecciones del Banco Central Europeo, en tanto que la inflación general se situará, en promedio, en torno al objetivo del 2%, aunque se ha revisado al alza ya que se espera que la inflación de los servicios descienda más lentamente.

 

La demanda interna será el principal motor del crecimiento, que seguirá liderado por los servicios. Se estima que las rentas reales continúen aumentando y que la tasa de ahorro descienda gradualmente desde un nivel todavía elevado, lo que apoyaría el consumo. Además, la inversión empresarial y el gasto público en infraestructuras y defensa impulsarían cada vez más la economía. Sin embargo, las dificultades para el comercio mundial podrían seguir siendo un freno para el crecimiento.

 

Sólido crecimiento de la economía española

 

Hasta el tercer trimestre de 2025, el crecimiento del PIB en España ha sido del 3%, el doble que el de la zona euro, impulsado por la demanda interna, tanto por el consumo privado como por la formación bruta de capital, siendo esta última casi un 15% superior a la de finales de 2019, antes de la pandemia. Por el contrario, el saldo exterior neto ha tenido una contribución negativa al crecimiento, ampliándose el déficit comercial, por el mayor crecimiento de las importaciones que de las exportaciones, dada la fuerte demanda interna y la incertidumbre comercial, moderándose el crecimiento de las exportaciones relacionadas con el turismo.

 

La exposición de España a los aranceles de EE.UU. es más limitada que en otros casos, ya que las exportaciones a este país representan en torno al 1% del PIB, pero está expuesta al posible debilitamiento de la demanda en sus principales socios comerciales europeos.

 

De este modo, y a falta de conocer los datos del cuarto trimestre, 2025 podría cerrar con un crecimiento cercano al 3%, alrededor de medio punto por debajo del registrado en 2024, por la aportación negativa del saldo exterior neto, aunque más elevado de lo previsto. También ha proseguido el dinamismo del empleo, con un aumento de las afiliaciones a la Seguridad Social superior al 2% y una reducción de la tasa paro hasta el entorno del 10,5% (alrededor del 6,5% en la zona euro).

 

Consumo e inversión, principales soportes del crecimiento

 

El escenario central de las últimas proyecciones macroeconómicas del Banco de España, publicadas en diciembre, contempla una desaceleración gradual del ritmo de avance de la producción, moderándose el crecimiento hasta el 2,2% en 2026. Esta tasa es cuatro décimas superior a la prevista meses atrás, debido sobre todo a los últimos datos de PIB (mejores de lo estimado inicialmente), la fortaleza del consumo o los menores precios de la energía.

 

El crecimiento del PIB descansará en la demanda interna, aunque es previsible que su ritmo de avance se desacelere. El consumo privado será el componente que supondrá una mayor aportación al crecimiento, impulsado por la renta disponible de los hogares, el empleo y los flujos migratorios, si bien se anticipa una desaceleración a consecuencia de la ralentización esperada de dichos factores. Por su parte, el consumo público también impulsará el crecimiento, a causa del aumento previsto del gasto en defensa y el acuerdo salarial de los funcionarios.

 

Asimismo, la formación bruta de capital mantendrá un sólido crecimiento en los próximos trimestres, impulsado por el despliegue de los fondos europeos NGEU, la bajada de los tipos de interés y el dinamismo de la construcción. No obstante, también su aportación al crecimiento se ralentizará por el contexto de desaceleración de la actividad.

 

Por el contrario, la contribución de la demanda exterior neta al crecimiento será negativa. En este sentido, se anticipa una gradual desaceleración de las llegadas de turistas internacionales y de las exportaciones de servicios no turísticos, teniendo en cuenta la evolución reciente y las expectativas de que se normalicen las tasas de variación tras el auge posterior a la pandemia. Por otro lado, el crecimiento de las exportaciones podría ralentizarse por el descenso de la demanda de los principales socios comerciales.

 

Menor crecimiento del empleo y revisión al alza de la inflación

 

Según las citadas proyecciones del Banco de España, el ritmo de aumento del empleo se desacelerará en los próximos trimestres, estimándose un crecimiento en el número de personas ocupadas del 2% en el promedio de 2026, también superior a lo previsto hace unos meses. Este crecimiento, ligeramente inferior al del PIB, reflejaría una cierta atonía de la productividad por ocupado, que se espera repunte a lo largo del año.

 

Por su parte, la tasa de paro moderará su ritmo de descenso, hasta situarse en el 10% en el promedio del año, debido tanto a la desaceleración en la creación de empleo como al incremento de la población activa, especialmente extranjera.

 

En cuanto a la inflación, las proyecciones apuntan a una tasa más moderada que la registrada en 2025, aunque se ha revisado al alza, hasta el 2,1%, atendiendo fundamentalmente a los últimos datos publicados (especialmente en relación a los precios energéticos, sobre todo electricidad), así como a la fortaleza prevista del consumo privado y el dinamismo de los salarios.

 

Las tensiones geopolíticas y comerciales continúan generando incertidumbre

 

El comercio internacional continúa siendo una de las principales fuentes de riesgo para las proyecciones de crecimiento, aunque los recientes acuerdos comerciales han reducido en cierta medida la incertidumbre y la posibilidad de una escalada arancelaria.

 

Además, en el caso concreto de la economía española, mayores presiones salariales y menor contención de los márgenes empresariales de lo previsto, así como un menor dinamismo de las exportaciones de servicios no turísticos podrían lastrar el crecimiento. Por el contrario, un mayor crecimiento de lo estimado de la inversión residencial implicaría un crecimiento algo superior a lo que apunta el escenario central del Banco de España.

 

En definitiva, a lo largo de 2026 el crecimiento continuará siendo sólido pese a moderarse, si bien sigue siendo necesario reforzar la sostenibilidad fiscal e impulsar el crecimiento de la productividad, entre otros aspectos.

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