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Día de la Educación Financiera: un evento anual en un proyecto de largo recorrido

José M. Domínguez Martínez

Catedrático de Economía Aplicada (Hacienda Pública) y Director del Proyecto Edufinet

Sobre mi

Catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Málaga. Actualmente tiene funciones de alta dirección en el sector financiero. También es Presidente de Analistas Económicos de Andalucía, Vicepresidente de la Fundación Ciedes, Director del proyecto de educación financiera “Edufinet” y Director de “eXtoikos, revista digital para la difusión del conocimiento económico”.

La celebración del día de la educación financiera ofrece una oportunidad para trazar una panorámica del estado de la cuestión, repasar las tendencias observadas y reflexionar en torno a los retos que se afrontan en dicho ámbito

05 Oct 2020

8 Min de lectura

El Día de la Educación Financiera -el primer lunes del mes de octubre- fue instaurado en España en el año 2015, con objeto de difundir el Plan Nacional de Educación Financiera y concienciar a la ciudadanía acerca de la importancia de mejorar y ampliar los conocimientos financieros y económicos. La celebración de este evento ofrece una oportunidad para trazar una panorámica del estado de la cuestión, repasar las tendencias observadas y reflexionar en torno a los retos que se afrontan en dicho ámbito.  La mejora del nivel de cultura financiera de la población es hoy día un objetivo prioritario en la mayoría de los países, cuya consecución requiere del despliegue de un amplio abanico de actividades dentro de un marco de colaboración público-privada.

 

Tal vez una buena forma de comenzar un artículo sobre el nivel de la cultura financiera sea colocarnos delante del espejo de las preguntas que se utilizan en las encuestas para calibrar las competencias financieras de la población adulta. En línea con la práctica seguida internacionalmente, la Encuesta de Competencias Financieras del Banco de España y la CNMV [1] recurre a tres preguntas esenciales (las “tres grandes”), relacionadas con la inflación, el interés compuesto y la diversificación de activos [2].

 

Es muy probable que los (hipotéticos) lectores de este artículo consideren que se trata de preguntas bastante elementales, fácilmente abordables, especialmente dado el formato de opciones de respuesta. Sin embargo, únicamente en torno a la mitad de los encuestados responde correctamente a las mismas. La referida Encuesta contiene asimismo diversas preguntas relacionadas con el entorno económico [3].

 

Así, si tenemos en cuenta que la realidad nos ofrece un panorama bastante más complicado, caracterizado por una gran diversidad de productos y servicios, y una considerable gama de riesgos, no podemos sino concluir que, para un ciudadano de perfil medio, pueden existir notables dificultades a la hora de adoptar decisiones financieras e interpretar los mecanismos por los que se rige el sistema económico [4].

 

La constatación, en la mayoría de los países, de: i) los insuficientes niveles de conocimiento financiero de la población en general; ii) la creciente complejidad de los productos financieros; iii) la mayor exposición de las familias a riesgos financieros; y iv) los beneficios que la toma de decisiones fundamentadas origina para la eficiencia y la estabilidad del sistema financiero, y del conjunto del sistema económico, explica el impulso dado a los programas de educación financiera en el curso de la última década.

 

No en vano, la cultura financiera se considera una competencia clave para el desenvolvimiento ordinario de los ciudadanos en el siglo XXI. A este respecto, no podemos perder de vista la siguiente reflexión de Richard Thaler, Premio Nobel de Economía: “Ya sea cuando contraen un préstamo de estudios, compran una casa o ahorran para la jubilación, las personas han de tomar decisiones que son difíciles incluso si tienen formación universitaria en finanzas y economía. Lanzar a una persona sin formación financiera a esa vorágine es como coger a alumnos de autoescuela y pedirles que compitan en la prueba Indianápolis 500”.

 

Trasladándonos al plano financiero, no podemos pretender que todas las personas sean capaces de competir en una prueba tan exigente, pero sí quizás de hacer una prospección controlada del circuito y, sobre todo, de calibrar los requisitos y los riesgos asociados a aquélla. La educación financiera no aspira, pues, a formar expertos en asesoramiento financiero, sino a procurar que una persona esté en condiciones de manejar los criterios básicos para adoptar decisiones informadas y responsables. En este sentido, es fundamental que pueda identificar las implicaciones, ciertas o probables, que pueden derivarse de la contratación de un producto financiero a lo largo de toda la vida de éste.

 

Con independencia de cuál sea nuestra actividad profesional, todas las personas hemos de afrontar continuamente decisiones financieras, algunas de ellas de enorme trascendencia, a lo largo de nuestro ciclo vital. Y, ya sea como oferentes de servicios, como productores, como ahorradores, como consumidores, como beneficiarios de prestaciones y servicios públicos, o como contribuyentes, entre otras facetas, nos vemos afectados permanentemente por las características y condiciones del entorno económico.

 

Lo anterior no viene sino a reforzar la idea de la complementariedad de lo económico y lo financiero. El ámbito objetivo de la educación financiera es intrínsecamente transversal, en el sentido de que atraviesa los límites de distintas especialidades y campos del saber. Además, ha de tenerse presente que, antes de abordar la perspectiva financiera de una decisión, por ejemplo, la de concertar una operación de crédito hipotecario, ha de resolverse la cuestión económica que marca la disyuntiva entre la propiedad y el alquiler de la vivienda.

 

La educación financiera es algo vivo que debe adaptarse continuamente a las tendencias que se observan en la realidad, como la digitalización, la inteligencia artificial, o las finanzas sostenibles, así como apoyarse en disciplinas instrumentales y en otras que pueden ser de gran utilidad en el proceso formativo, como es el caso de la psicología financiera.

 

En el curso de los últimos años han sido numerosas las iniciativas puestas en marcha en el campo de la educación financiera, y que han permitido cosechar notables avances. Sin embargo, la tarea no está concluida y son muchos los retos percibidos. Ante la magnitud de la tarea, resulta imprescindible que el contacto con las cuestiones financieras empiece lo más pronto posible, dentro del currículum escolar, y que se complete progresivamente en las fases subsiguientes con base en programas desarrollados por los agentes involucrados en esta misión, tanto públicos como privados.

 

Con esa finalidad, en el año 2005, arrancó en el seno de Unicaja el proyecto Edufinet, abierto luego a instituciones, entidades y colaboradores individuales. Quince años después seguimos con la misma ilusión de entonces tratando de aportar nuestro granito de arena en pro de unos objetivos de interés social.


La conmemoración anual del Día de la Educación Financiera es un estímulo apreciable para proseguir en esa línea, al tiempo que un recordatorio de que la extensión de la cultura financiera es un proyecto de lenta maduración y de largo recorrido.

 

 

[1] Encuesta de Competencias Financieras 2016: https://www.bde.es/f/webbde/SES/estadis/otras_estadis/2016/ECF2016.pdf

[2] Tales preguntas son las siguientes:

Inflación

Imagine que cinco hermanos reciben un regalo 1.000 €. Si comparten el dinero a partes iguales, ¿cuánto obtendrá cada uno?

Imagine ahora que los cinco hermanos tuvieran que esperar un año para obtener su parte de los 1.000 €, y que la inflación de ese año fuese del 1%. En el plazo de un año serán capaces de comprar: ¿más de lo que podrían comprar hoy con su parte del dinero, la misma cantidad, o menos de lo que podrían comprar hoy?

Tipo de interés compuesto

Supongamos que ingresa 100 euros en una cuenta de ahorro con un interés fijo del 2% anual. En esta cuenta no hay comisiones ni impuestos. Si no hace ningún otro ingreso a esta cuenta ni retira ningún dinero, ¿cuánto dinero habrá en la cuenta al final del primer año, una vez que le paguen los intereses?

De nuevo, si no hace ningún ingreso ni retira ningún dinero, una vez abonado el pago de intereses, ¿cuánto dinero habrá en la cuenta después de cinco años: más de 110 euros, exactamente 110 euros, menos de 110 euros, o es imposible decirlo con la información dada?

Diversificación del riesgo

Por lo general, es posible reducir el riesgo de invertir en Bolsa mediante la compra de una amplia variedad de acciones. ¿Verdadero o falso?

Un comentario en relación con estas preguntas se lleva a cabo en: https://neotiempovivo.blogspot.com/2018/05/las-competencias-financieras-de-la.html.

[3] Las preguntas son las siguientes:

¿Qué afirmación acerca del dinero considera correcta?: a) El dinero en metálico mantiene su valor cuando la inflación es elevada; b) El dinero en metálico hace más fácil comprar y vender bienes; c) El dinero en metálico hace que sea más difícil ahorrar; d) No sabe/no contesta.

¿Qué grupo se podría beneficiar más de un aumento inesperado de la inflación?: a) Un hogar que tiene una hipoteca a tipo de interés fijo; b) Un banco que ha concedido una hipoteca a tipo de interés fijo; c) Un hogar que vive de los rendimientos de activos de renta fija; d) No sabe/no contesta.

¿Quién determina qué bienes y servicios se producen en España?: a) Las empresas y los Gobiernos; b) Los consumidores y los Gobiernos; c) Las empresas, los consumidores y los Gobiernos; d) No sabe/no contesta.

[4] Tales dificultades también se observan entre los adolescentes. Vid.: https://www.edufinet.com/images/EdufiAcademics/WP-8-2020.pdf.

 

 

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